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Las entrevistas de trabajo son esos momentos puntuales en los que más a prueba se pone la adecuada exposición de nuestras cualidades. Querer mostrar lo mejor de nosotros no sólo es lo más habitual, también lo más necesario…

Ahora bien, eso no quiere decir que debamos escondernos tras una deslumbrante máscara que impida ver la maravillosa sencillez que puede haber tras cada uno de nosotros.

En ese sentido hay preguntas que se realizan durante el desarrollo de una entrevista a través de las cuales, lejos de analizar lo que se dice, pretenden valorar lo que no se dice o cómo se dice, con la intención de poder concluir un perfil más definido del candidato.

Como ejemplo de ello sirve la pregunta por la que se viene a cuestionar acerca de cuál se valora como el mayor defecto en el ámbito profesional.

En mi particular experiencia, no han sido pocas las veces en las que he escuchado, como respuesta a todas luces estudiada y quién sabe si gracias a alguno de esos talleres de preparación para entrevistas de trabajo… responder que el mayor defecto del candidato es su excesivo perfeccionismo.

Respuesta, que cuando menos, provoca recelo en quien la escucha puesto que evidencia la falta de transparencia disfrazada de una falsa modestia que no predispone a una fluída comunicación.

Siendo realistas, un país lleno de mentes pensantes perfeccionistas nunca será un país mediocre, irá a la cabeza de la evolución, permitirá aumentar los niveles de PIB y potenciar el estado de bienestar. ¿Acaso es eso un defecto?. Puestos a elegir… mejor pecar de perfeccionistas.

Por lo tanto, evidenciar nuestro esfuerzo en dar una imagen forzada y falsa de nosotros mismos queriendo hacer del defecto nuestra mayor virtud muy probablemente provocará recelo y falta de confianza en nuestra candidatura.

Una vez inmersos en un proceso de selección, lo más seguro (por desgracia) es que desconozcamos las cualidades más deseadas por parte de la empresa, el perfil personal  considerado como más adecuado y las virtudes más buscadas.

Por ello limitémonos a ser quienes somos y  a defender nuestros criterios.

Queda en manos del entrevistador, del departamento de recursos humanos, la difícil tarea de saber si todas nuestras aportaciones son beneficiosas o no para el proyecto; es más, puesto a no serlas mejor ser unos y otros lo más sinceros posible desde un principio y no perder en ello el tiempo para poder invertirlo allí donde más apreciados seamos, con virtudes y defectos.

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