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El actual sistema capitalista, aún habiendo sido cuestionado en los últimos tiempos por la gran crisis económica a la que nos ha conducido, no deja de ser el motor que impulsa a la mayoría de las empresas, cobrando un destacado papel todas las políticas de marketing y ventas en detrimento de otras políticas de recursos humanos.

Es incuestionable que la dura realidad en la que se han encontrado prácticamente de la noche a la mañana una preocupante cantidad de empresas a lo largo de la ya casi última década (se dice pronto…), ha llevado a éstas a recortar gastos en acciones no relacionadas directamente con el aumento de capital.

En ese sentido han pasado a segundo plano actividades y funciones antes casi indispensables en la empresa e  inversiones antes incuestionables.

El recorte de gasto ha venido en gran parte por la eliminación de puestos de trabajo o reducción de sus jornadas habituales al haber reducido sus competencias o sencillamente haberlos eliminado.

¿Era, es, ha sido totalmente indispensable?. Lo cierto es que poder determinarlo en su justa medida requeriría un detallado estudio de la realidad y situación de cada empresa dada la gravedad y el tremendo impacto que la crisis de 2007 ha supuesto en el mercado económico. Con todo y haciendo honor a la verdad, lo cierto es que las relaciones laborales, las condiciones contractuales de cientos de miles de trabajadores en nuestro país, se han visto mermadas y no sólo a nivel económico, sino también en un plano mucho más personal y delicado difícilmente recuperable por mucha regularización y legislación al respecto que aparezca.

Potenciar acciones de venta, promociones, nuevas políticas de precios, contención del gasto, reducción de la inversión y de los salarios y demás recursos dirigidos a potenciar los ingresos y bajar los gastos son los que  han supuesto en muchos casos la tabla de salvación; esa que ha permitido mantener las puertas abiertas de la empresa (que no necesariamente la consecución de beneficios) frente a su cierre definitivo.

El daño colateral que todo esto ha supuesto, más allá del económico de por sí no desdeñable y en muchos casos particulares de trágicas consecuencias, es el que resulta difícil de cuantificar y de larga recuperación.

La falta de políticas de recursos humanos en la empresa basadas en el mantenimiento de la motivación, del espíritu de equipo, de la gestión de la frustración, del sentimiento de pertenencia a un proyecto común … se ha visto tristemente truncada por falta de imaginación, valentía, liderazgo… al no disponer del que se cree único e indiscutible motor de toda sociedad capitalista, del dinero.

Por falta de recursos o tal vez por falta de fé en sus posibilidades, toda acción encaminada a invertir no sólo dinero sino tambíen tiempo e imaginación en las llamadas políticas de recursos humanos ha sido infravalorada dejando a fecha de hoy un reguero de gente decepcionada e incluso resignada a todos estos cambios.

Y no nos engañemos, no estoy hablando de las grandes empresas que cuentan con departamentos específicos para ello. Estas acciones pueden ser llevadas, han de ser llevadas desde toda pequeña pyme hasta el mayor gigante empresarial, sea del tamaño que sea, lo haga quien lo haga.

No en vano toda fuerza productiva está condicionada por la posesión de dinero, su rentabilidad y correcta inversión pero ésta a su vez está supeditada a una única realidad: la valía, la creatividad y la superación de las personas que la llevan a cabo, es decir, de todos y cada uno de nosotros. Esos son los pilares de toda evolución humana y empresarial.

Por ello aunemos esfuerzos en darle mayor valor a la capacidad de creación y a la reinvención, que está originalmente en nuestras manos.

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