appetizer-1238615_1280El mando intermedio en cualquiera de sus versiones tiene la difícil tarea de, además de ejecutar con eficacia su labor, encontrar su sitio dentro de la empresa desde donde poder liderar y motivar un equipo de trabajo a la vez que ser fiel a una filosofía empresarial y unos criterios jerárquicos impuestos desde esferas superiores.

¿Y cuál es el mejor modo de hacerlo?. Pues lamento adelantar que no seré yo quien diga dónde se esconde el secreto del éxito profesional ni cuál es la gran estrategia en recursos humanos porque no soy quien y porque es tan variada la forma de entender la empresa como numerosas el número de éstas.

En cualquier caso sí estoy convencida de una serie de principios que han de regir el día a día de cualquier mando intermedio.

1- Probablemente el más importante de ellos: gustarte lo que haces y hacerlo porque quieres, no porque las circunstancias obligan.

Ser “mando intermedio” requiere de grandes dosis de paciencia, de una constante actitud crítica, de mano izquierda… y mano derecha y de mucha, mucha…”cabeza”.

Se trata éste de un trabajo interno que nace de la automotivación diaria y que por mucho master, curso o seminario de manegement al que se acuda o por grandes entrenamientos de  coaching al que uno se someta, sólo tiene sentido si hay verdadero interés en hacer lo que se hace para poder poner todas las herramientas psicológicas, todos nuestros conocimientos y toda nuestra fuerza y carisma personal al servicio del equipo.

2- Entender y compartir los principios empresariales: de no ser así es imposible mantener a largo plazo la farsa (voluntaria o involuntariamente)  y más cuando tus opiniones públicas, estrategias y directrices  han de estar basadas en esos principios generales. No quiere ello decir que se haya de estar conforme con toda premisa de la empresa, ni que ésta no pueda ser cuestionada, pero sí que ha de haber una línea general de trabajo afín a dichos principios básicos. De no querer que eso sea así, ha de plantearse uno si está en el lugar adecuado…

3- Ser fiel a ti mismo o como dice la escritora  Raquel Díaz Reguera,  ir por el mundo contigo mismo… Ser mando superior implica estar expuesto a la crítica no siempre positiva de los demás y a ser cuestionado por superiores y más especialmente por personal de tu propio equipo. Ese conjunto de valoraciones serán en parte acertadas y en otras injustas, en tu mano está el saber apreciarlas.

Ten el suficiente criterio como para poder distinguirlas y mejorar aquello que ha de ser revisable, pero no dejes de ser fiel a ti mismo, con defectos incluidos, puesto que es la esencia que te define y tal vez uno de los motivos por los que fuiste seleccionado para ese puesto de trabajo.

4- Tener las dosis necesarias (ni más ni menos) de humildad, con el  fin último de poder reconocer los propios errores y encontrar el modo de evitarlos en futuras ocasiones. Será necesario para el desempeño de tu día a día estar seguro de ti mismo y  trasladarlo así a tu equipo. Pero eso no está reñido con una sincera actitud de humildad en el momento en que la situación lo requiera.

En definitiva, se trata de una serie de principios que facilitan la difícil de tarea de encontrar el sitio entre dos aguas (superiores y miembros de tu equipo) , llenas de contradicciones e intereses contrapuestos que hacen que acabes convirtiéndote … en la lechuga del sandwich.

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