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En todo tratado de recursos humanos como uno de los principales temas que se se precie, se habla de la comunicación ascendente y descendente en la empresa, como si ahí estuviese la clave absoluta del entendimiento socio-empresarial. Parece no tenerse en cuenta que la comunicación, para ser tal, ha de ser en todos los sentidos y en todas las direcciones, de norte a sur y de este a oeste.

Y cuando hablo de comunicación en la empresa (y por qué no, en todas partes), hablo de la buena comunicación. De la respetuosa, de la comprensiva, de la constructiva… y ese es el problema… es tan difícil dar lugar a ella…

Y es difícil para todos, sin excepción, ¿por qué?:

1- Porque requiere de una gran capacidad para empatizar con el prójimo.

2- Porque requiere capacidad de escucha.

3– Porque ha de estar libre de prejuicios.

Hay cientos de tratados que así lo explican, se llenan de razones para justificarlo y los secundo, pero  no explican cómo conseguirlo.

Y aunque personalmente sigo aprendiendo, sí creo tener el truco para, al menos, querer ser poseedores y aplicar  esas habilidades y se basa en saber qué ocurre cuándo no las aplicamos.

Cuando no empatizas con tu interlocutor y éste te está mostrando una queja, puedes tender o bien a quitarle importancia y transcendencia a su lamento o bien a pensar que es más grave de lo que realmente es. Hacer un ejercicio de introspección sincero nos colocará en el punto en el que estaríamos nosotros dadas las mismas circunstancias. Desde esa perspectiva podremos entender algo mejor su descontento, pero será desde la escucha activa desde donde podremos hacernos una idea clara de lo que nos quiere decir.

Porque si te limitas a pensar cómo tú llevarías esa situación y no abres bien tus orejas para escuchar atentamente todo lo que te dicen, te perderás matices que tal vez puedan aportarte mayor información y una puesta en situación más clara si cabe.

Pero empatizar requiere esfuerzo y no todo el mundo está por la labor de llevar a su terreno personal muchas más que de sus propias experiencias.

Además de eso, escuchar requiere callar y hay ocasiones en las que se valora más importante ser atendido que atender…

En cualquier caso, liberarse de todo tipo de prejuicios nos permitirá entender el mensaje sin filtros, sin matices de creación propia, sin juicios personales que nos hagan creer que nos dijeron A cuando sencillamente era B.

Ya tendremos tiempo más tarde para hacer las oportunas conjeturas.

Pero es que también la falta de prejuicios requiere humildad y la humildad puede hacer sentir débil… otro “pero” más para la escucha activa.

Al respecto de todo esto he de decir, bajo mi propia experiencia, que hay gente que por principio no quiere comunicarse, así, tal cual; sí quiere que se la escuche pero no lleva intención de practicar el ejercicio contrario . Sus prejuicios les limitan, dan todo por hecho, no empatizan, no escuchan ni tiene intención de ser humildes, no quieren hacerlo, su fortaleza parece ser que radica en eso y al final, sin duda alguna,  ese es el principio del fin del entendimiento…

Y como son pocas las limitaciones, añado una más, en las bases de una sana comunicación está la multidireccionalidad: no será del todo efectiva la comunicación entre personal de distinto rango por muy buena que esta sea si no lo es igualmente entre compañeros y a la inversa. No cabe querer entenderse con unos y no querer hacerlo con otros porque guste o no, una empresa es un conjunto de intereses cruzados entre  todos sus componentes y si un eslabón falla en esa cadena la cadena se rompe, si la cadena se rompe la comunicación se para y si la comunicación se para el mensaje se pierde… o lo que es peor, se distorsiona.

No pretende ser este un manifiesto contra la comunicación, antes al contrario, aspiro a ser muy clara en la dificultad que entraña  lo que comunmente hacemos cada día y en cada momento con los nuestros, comunicarnos (o intentarlo). Es bueno saber de qué modo podemos dar lugar a equívocos y falsas conclusiones cuando decidimos concretar antes de saber con exactitud.

Por ello valoro primordial que se fomente esa sana comunicación desde todos los puestos en la empresa, con estrategias más o menos estudiadas y analizadas y con la voluntad de crear ambientes de entendimiento que así la fomenten.

Se trata de trasladar y prodigar ese empeño a diario, sin descanso, con el convencimiento de que sólo a través de la escucha podemos saber y entender de que nos están hablando.

 

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