” En cuanto salgo del trabajo, cierro la puerta y me olvido”… Afortunado quien lo consigue porque son muchos quienes pronuncian tal valiente afirmación pero aseguro que pocos quienes lo logran.

El devenir diario en el trabajo, sea cual sea, está formado no solo por nuestros aciertos y errores en la parte más técnica de nuestro quehacer, sino por una parte mucho más subjetiva, carente de protocolos de actuación y tan determinante o más que el buen hacer en nuestros cometidos.

Las relaciones del día a día con superiores, compañeros, colaboradores, clientes, proveedores y demás  colectivos, son las que definen nuestro perfil humano y profesional y las que para bien y para mal nos llenan de satisfacciones y de más de un quebradero de cabeza.

¿Por qué?. Porque cada uno tiene valores, filosofías de vida y juicios de valor basados en distintos principios. Porque lo que para mí está bien, no lo está para el compañero; porque lo que a mí me interesa, no es lo que te interesa a tí; porque la información que tú tienes no es la misma que tengo yo; porque en definitiva mis circunstancias, mis experiencias  y mis creencias son distintas a las tuyas, ni mejores ni peores… o sí… según cómo y quién lo mire…

Desde este espacio no pretendo más que poner en común mi particular experiencia y las conclusiones que de ella he extraído en lo que a esta compleja realidad del mundo de la empresa se refiere.

Una experiencia personal  adquirida tras más quince años ejercidos en diversos ámbitos del sector servicios y nutrida de muchas y complejas vivencias en la dirección de equipos, la selección y la gestión de personal y de recursos humanos y la venta de servicios.

Aderezada, he de decirlo, por el frecuente devaneo mental que esto me ha supuesto al cerrar la puerta del trabajo…

He aquí por tanto la muestra de mis conclusiones, que como propias son también susceptibles de desacuerdo. Una cosa sí tengo clara, nuestros recursos, nuestras herramientas, los auténticos recursos humanos de los que cada uno de nosotros hacemos uso para dar lugar a nuestras particulares relaciones laborales, son muchos y de diversa índole.

Intentemos utilizarlos con respeto, responsabilidad y criterio.

Marta Elena B. de Mingo.

 

 

 

 

 

 

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